noviembre 7, 2026

Cuando pensamos en la simbología del cristianismo, solemos imaginar cruces, corderos, palomas, peces y figuras humanas. Sin embargo, existe un universo de representaciones mucho más antiguo que merece ser observado con detenimiento: el de las antiguas culturas marineras y sus animales sagrados.

Llevo tiempo preguntándome hasta qué punto algunos símbolos religiosos que seguimos utilizando hoy podrían conservar el recuerdo de tradiciones mucho más antiguas. Y, entre todos los animales que aparecen en ese recorrido, hay dos que me llaman especialmente la atención: el atún y la orca.

La hipótesis parte del Pacto De La Orilla del biológo Fernando López-Mirones: el mar pudo tener una importancia religiosa, económica y cultural mucho mayor de la que solemos imaginar en las primeras civilizaciones mediterráneas y atlánticas.

Desde esa perspectiva, quiero recorrer algunos símbolos de la tradición cristiana y compararlos con representaciones religiosas de Mesopotamia, el Mediterráneo y las antiguas culturas marineras.

aultura atlantica y atunes

El Pez: Uno De Los Primeros Símbolos Del Cristianismo

Antes de hablar de atunes, orcas y mitras, conviene detenernos en un símbolo que sí está ampliamente documentado: el pez.

Mucho antes de que la cruz se convirtiera en la representación visual más reconocible del cristianismo, el pez ya aparecía en el arte de las primeras comunidades cristianas.

Su nombre griego era Ichthys (ἰχθύς), que significa sencillamente «pez». Pero sus letras también podían interpretarse como las iniciales de una fórmula religiosa:

  • I: Iesous (Jesús).
  • Ch: Christos (Cristo).
  • Th: Theou (de Dios).
  • Y: Yios (Hijo).
  • S: Soter (Salvador).

De esta manera, el pez se convertía en una profesión de fe condensada: «Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador».

La representación del pez aparece en monumentos cristianos de los primeros siglos, incluidas las catacumbas romanas. Su presencia está relacionada con distintos episodios evangélicos, como la multiplicación de los panes y los peces, las comidas de Jesús con sus discípulos y la actividad pesquera de varios apóstoles.

También encontramos una conexión directa entre el cristianismo primitivo y el lenguaje de la pesca. Jesús llamó a algunos de sus primeros discípulos, que eran pescadores, y les dijo que serían «pescadores de hombres».

La imagen es poderosa: el pescador que captura peces se convierte en una metáfora de quien reúne personas para una nueva comunidad espiritual.

Pero hay algo que me interesa especialmente. El cristianismo no nació aislado de las culturas que lo rodeaban. Surgió en un territorio mediterráneo donde el mar, la pesca, el comercio y las antiguas tradiciones religiosas llevaban miles de años formando parte de la vida cotidiana.

Por eso considero interesante investigar qué significaba el mundo acuático para las civilizaciones anteriores.

Los Dioses Pez De Mesopotamia: Sacerdotes Vestidos Con La Piel De Un Pez

Si retrocedemos varios siglos antes del cristianismo, encontramos representaciones religiosas que parecen sacadas de un universo simbólico completamente distinto. En Mesopotamia existieron figuras mitológicas conocidas como apkallu, sabios asociados a la sabiduría divina, el conocimiento y la protección ritual. Algunas representaciones los muestran como hombres vestidos con la piel de un pez, cuya cabeza funciona como una especie de capucha sobre la cabeza humana.

Una de las piezas más interesantes se conserva en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York. Se trata de una figura asiria de los siglos IX-VIII a. C., procedente de Nimrud, que representa precisamente a un personaje masculino con una vestidura de piel de pez.

La descripción del propio museo relaciona esta indumentaria con los antiguos sabios mesopotámicos vinculados al Apsu, el ámbito subterráneo de las aguas dulces. Estas figuras se utilizaban también en rituales destinados a proteger espacios y edificios. Es decir, no estamos hablando de una interpretación moderna de una imagen ambigua. Tenemos representaciones arqueológicas de personajes religiosos que llevaban auténticas vestiduras con apariencia de pez.

Aquí aparece una de las figuras más interesantes de este universo: Oannes.

En la tradición recogida por el sacerdote babilonio Beroso, Oannes era un ser extraordinario que emergía del mar y enseñaba a los seres humanos conocimientos fundamentales para organizar la civilización: escritura, agricultura, leyes, geometría y distintas artes.

Su aspecto combinaba elementos humanos y pisciformes.

La figura de Oannes se relaciona con tradiciones mesopotámicas anteriores sobre seres sabios procedentes del ámbito acuático. También se ha vinculado con Enki o Ea, divinidad asociada al agua dulce, la sabiduría y las fuerzas creadoras. Me parece especialmente interesante que el conocimiento civilizador aparezca representado mediante una figura que procede del agua. El pez no es aquí un simple animal. Es el vehículo de una tradición de conocimiento.

Joseph Campbell también abordó las divinidades acuáticas y las figuras de dioses pez en su obra Las máscaras de Dios, dentro de su amplio estudio comparado de las mitologías.

cristianismo y cultura atlantica

Dagon, Oannes Y La Antigua Simbología Acuática

Otro nombre que aparece con frecuencia cuando investigamos las antiguas religiones del Próximo Oriente es Dagon.

Tradicionalmente se ha representado a Dagon como una divinidad con rasgos humanos y pisciformes, y durante mucho tiempo se ha relacionado su nombre con la palabra semítica dag, «pez».

Sin embargo, hay una cuestión importante: la investigación actual no considera demostrada esa etimología. Una interpretación ampliamente defendida relaciona su nombre con términos semíticos vinculados al grano o al cereal. Por tanto, identificar directamente a Dagon como un dios pez es una asociación histórica discutida.

Aun así, las representaciones de seres híbridos entre humanos y peces sí forman parte del imaginario religioso de distintas culturas del Próximo Oriente.

Lo que me interesa de todo este conjunto es la persistencia de una misma asociación simbólica: el agua como origen de la vida, el pez como representación de una fuerza natural extraordinaria y el personaje pisciforme como intermediario entre el mundo humano y el divino.

No podemos afirmar que todas estas tradiciones procedan de una única religión original. Pero sí podemos estudiar sus semejanzas y preguntarnos cómo circularon sus imágenes, relatos y símbolos entre civilizaciones que mantuvieron contactos comerciales y culturales.

La Mitra Episcopal: ¿Por Qué Los Obispos Llevan Ese Tocado?

Llegamos a uno de los elementos más llamativos de esta investigación: la mitra.

La mitra es el tocado ceremonial que utilizan los obispos y otros dignatarios eclesiásticos en determinadas celebraciones litúrgicas. Tiene una forma característica, elevada y abierta en su parte superior, con dos extremos puntiagudos.

Pero hay otro detalle que suele pasar bastante desapercibido: las dos cintas que cuelgan por la parte posterior.

Se llaman ínfulas.

La mitra posee dos bandas o apéndices textiles que descienden desde su parte posterior. En la terminología litúrgica se conocen como infulae y forman parte de la propia estructura ceremonial de este tocado. La palabra mitra procede del griego mítra, término que designaba una banda, cinta o tocado para la cabeza. Su forma y evolución dentro de la vestimenta cristiana pertenecen a una historia litúrgica medieval.

Ahora bien, cuando observo su silueta, me resulta inevitable establecer una comparación visual con las antiguas representaciones de sacerdotes vestidos con pieles de peces.

En algunas figuras mesopotámicas, la cabeza del animal cubre la cabeza del personaje y su cuerpo cae por detrás, formando una especie de vestidura. La imagen puede recordar, de manera sugerente, a la estructura de ciertos tocados religiosos posteriores.

Mi interpretación es que merece la pena investigar si algunas formas de indumentaria ceremonial pudieron conservar, transformar o reinterpretar motivos mucho más antiguos. No obstante, hay que distinguir la semejanza visual de la genealogía histórica: no existe una prueba documental que demuestre que la mitra episcopal derive de una piel de atún o de las vestiduras de los sacerdotes mesopotámicos, pero es para reflexionarlo.

Aun así, la comparación iconográfica me parece fascinante. Nos obliga a mirar con otros ojos un objeto que normalmente aceptamos como una pieza más de la indumentaria eclesiástica.

mitra sacerdotes

El Cordero De Dios: ¿Y Si Mirásemos También Hacia El Carnero?

Uno de los símbolos más importantes de la liturgia cristiana es el cordero. Durante la misa, el sacerdote y la congregación pronuncian la invocación Agnus Dei, que significa «Cordero de Dios».

La expresión procede del Evangelio de Juan, cuando Juan el Bautista identifica a Jesús como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

El cordero tiene una larga trayectoria simbólica en la tradición judeocristiana. Se relaciona con el sacrificio, la inocencia, la redención y la Pascua. También conecta con la tradición del sacrificio pascual del judaísmo.

Pero aquí quiero introducir una reflexión diferente. En algunas interpretaciones simbólicas de las antiguas culturas mediterráneas, los animales con cuernos, especialmente los carneros y los toros, aparecen vinculados al poder, la fertilidad, la fuerza y la autoridad divina.

El carnero y el cordero pertenecen a la misma especie, aunque representan animales de edades y características diferentes. El primero evoca la fuerza y los cuernos; el segundo, la juventud, la docilidad y el sacrificio.

En el texto litúrgico cristiano, sin embargo, Agnus Dei significa literalmente «Cordero de Dios». No hay una base lingüística o teológica reconocida para traducirlo como «Carnero de Dios».

También se ha propuesto una lectura simbólica que relaciona la manipulación de la hostia durante la misa con la formación de figuras semejantes a cuernos. El sacerdote parte la forma consagrada durante el rito de la fracción, mientras se canta o recita el Agnus Dei.

La explicación oficial de este gesto es distinta: la fracción recuerda el acto de Jesús al partir el pan durante la Última Cena y expresa la unidad de los fieles en un solo cuerpo.

Aun así, me parece interesante observar cómo los gestos rituales, los objetos y las palabras pueden acumular capas de interpretación a lo largo de los siglos. La liturgia es un lenguaje compuesto de palabras, movimientos, imágenes y objetos.

infula sacerdote atun

Atunes Y Orcas: Los Grandes Animales Del Mundo Marino

¿Por qué me interesa especialmente el atún? ¿Y qué relación podría tener con las orcas?

Para entenderlo hay que retroceder hasta las antiguas comunidades costeras del Atlántico y del Mediterráneo.

El atún rojo (Thunnus thynnus) es uno de los grandes peces migratorios del océano Atlántico y del mar Mediterráneo. Su tamaño, fuerza y comportamiento migratorio lo convirtieron en un recurso de enorme importancia para las comunidades pesqueras.

Su captura exigía conocimiento del mar, de las corrientes, de las estaciones y de los movimientos de los bancos de peces. La pesca del atún rojo tiene una historia muy antigua en el Mediterráneo. Fenicios, griegos, romanos y otras sociedades costeras desarrollaron actividades pesqueras y comerciales relacionadas con este recurso.

En el sur de la península ibérica, las almadrabas se convirtieron en una de las técnicas más conocidas para capturar atunes durante sus desplazamientos migratorios. Pero el atún no es el único animal en esta historia.

La orca (Orcinus orca) es un cetáceo perteneciente a la familia de los delfínidos. Se trata de un depredador extraordinariamente inteligente, social y adaptable. Algunas poblaciones se alimentan de peces, mientras que otras cazan mamíferos marinos.

Las orcas que viven en determinadas zonas del estrecho de Gibraltar tienen una relación ecológica muy particular con el atún rojo, especialmente durante sus desplazamientos migratorios. En esta región se han documentado interacciones entre orcas y embarcaciones pesqueras, así como episodios de depredación sobre los atunes capturados o próximos a las artes de pesca.

Esta relación entre dos animales de enorme tamaño y fuerza es especialmente sugerente cuando la observamos desde la historia de las culturas marineras.

El atún representaba un recurso alimenticio y económico de gran valor. La orca, por su parte, era un animal capaz de dominar el entorno marino y de cazar presas que los seres humanos difícilmente podían capturar por sí solos.

Desde mi perspectiva, ambos animales merecen ser estudiados no solo desde la biología y la pesca, sino también desde la historia cultural de las sociedades que convivieron con ellos. Fernando López Mirones, zoológo e investigador, nos habla de esta historia en El Pacto De La Orilla.

pacto de la orilla atunes y orca

La Cultura Atlántica Y El Poder De Los Grandes Animales Marinos

Cuando hablo de una antigua cultura atlántica, me refiero al conjunto de sociedades costeras que desarrollaron formas de vida vinculadas al océano, sus recursos y sus rutas comerciales.

No debemos imaginar necesariamente una única civilización atlántica, centralizada y homogénea. El Atlántico fue un espacio de contacto entre comunidades diferentes, con tradiciones propias y relaciones comerciales que cambiaron a lo largo del tiempo.

La pesca, la navegación y el intercambio de productos marinos contribuyeron a construir economías y formas de organización social. En este contexto, considero razonable preguntarse qué lugar ocuparon los grandes animales marinos en el imaginario de aquellas poblaciones.

El atún podía representar abundancia, riqueza y conocimiento de los ciclos naturales.

La orca podía encarnar la fuerza, la inteligencia y el dominio del océano.

Jesús, Los Pescadores Y Las Antiguas Rutas Marítimas

Hay otro elemento que me parece especialmente interesante: las referencias marítimas que aparecen en los relatos cristianos.

Jesús desarrolló gran parte de su actividad pública en una región próxima al mar de Galilea, donde la pesca constituía una actividad económica fundamental. Varios de sus discípulos eran pescadores. También encontramos episodios relacionados con redes, barcas, peces y comidas junto al agua.

El mar forma parte del lenguaje simbólico del cristianismo desde sus primeros relatos. A partir de aquí, algunas hipótesis han planteado que Jesús pudo haber conocido otros territorios durante los años de su juventud sobre los que los evangelios canónicos ofrecen muy poca información.

Entre esas propuestas aparece la posibilidad de un viaje hacia el extremo occidental del Mediterráneo, relacionado con las antiguas rutas comerciales que conectaban Palestina con Tartessos y la península ibérica.

También se ha mencionado a José de Arimatea, personaje del relato evangélico asociado al entierro de Jesús, como posible vínculo con antiguas tradiciones comerciales occidentales.

Sin embargo, conviene ser muy claros: no existe evidencia histórica sólida de que Jesús viajara a Galicia, visitara una supuesta cueva sagrada relacionada con las orcas o participara en expediciones comerciales hacia Tartessos durante su juventud.

Las referencias bíblicas a Tarsis tampoco permiten identificar automáticamente ese lugar con Tartessos ni demostrar que Jesús recorriera esa ruta.

Lo que sí sabemos es que existían conexiones comerciales entre el Mediterráneo oriental y el occidental desde la Antigüedad. Fenicios y otros pueblos navegantes establecieron redes de intercambio que llegaron hasta la península ibérica.

Por eso, aunque no podamos convertir la hipótesis del viaje de Jesús en un hecho histórico, el contexto marítimo de aquella época permite comprender por qué el mar y la pesca ocupan un lugar tan importante en el imaginario religioso de la región.

el pacto de la orilla pescadores cristianos

Los Peces En La Religión: ¿Casualidad O Herencia Cultural?

Cuando observo todas estas representaciones juntas, encuentro un patrón que me parece digno de atención.

Por un lado, tenemos el pez como símbolo de las primeras comunidades cristianas. Por otro, los seres pisciformes de las antiguas tradiciones mesopotámicas, las vestiduras de piel de pez de los apkallu y los relatos de seres acuáticos portadores de conocimiento.

También tenemos una larga tradición mediterránea de pesca, comercio y navegación, en la que el atún ocupó un lugar económico muy importante. A todo esto podemos añadir la presencia de animales marinos en la mitología y la iconografía de distintas culturas.

¿Estamos ante simples coincidencias visuales? ¿O algunos símbolos pudieron viajar entre civilizaciones, transformándose y adquiriendo nuevos significados?

La segunda posibilidad merece ser investigada.

Las semejanzas iconográficas pueden surgir por contactos culturales, por necesidades simbólicas parecidas o incluso por desarrollos independientes.

Aun así, creo que mirar la religión desde la historia de los animales, la pesca y las antiguas economías marineras abre una perspectiva poco habitual.

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Conclusión: Mirar La Historia Desde El Mar

Hay algo que me resulta fascinante de toda esta investigación: estamos acostumbrados a estudiar las religiones desde sus dioses, sus textos sagrados, sus templos y sus ceremonias, pero pocas veces nos detenemos a observar el mundo natural que rodeaba a las sociedades que las crearon.

El mar proporcionó alimento, riqueza, rutas comerciales y conocimientos. También ofreció imágenes extraordinarias que podían convertirse en símbolos de poder, sabiduría y trascendencia.

Los peces, los grandes depredadores marinos y las criaturas híbridas aparecen en distintas tradiciones religiosas mucho antes de que surgiera el cristianismo. Por eso considero que merece la pena investigar qué huellas dejaron las antiguas culturas marineras en el imaginario religioso posterior.

No puedo afirmar que la mitra episcopal sea un atún estilizado, que las ínfulas representen su cola o que el Cordero de Dios esconda en realidad un antiguo carnero marino. Tampoco puedo demostrar que Jesús viajara a la península ibérica durante su juventud.

Pero sí puedo señalar que existen representaciones arqueológicas de sacerdotes vestidos con pieles de peces, que el cristianismo primitivo adoptó el pez como uno de sus símbolos fundamentales y que las antiguas sociedades mediterráneas dependieron enormemente de los recursos marinos.

Quizá el verdadero interés esté precisamente ahí: en recuperar la historia de un mundo en el que el mar no era un paisaje lejano, sino una fuente de vida, conocimiento, poder y misterio. Y cuando volvamos a observar una mitra, un pez cristiano o una antigua representación de un sacerdote mesopotámico, quizá merezca la pena preguntarnos qué historias se esconden detrás de esas formas.

Porque, a veces, para comprender los símbolos que seguimos utilizando hoy, tenemos que mirar mucho más atrás de lo que imaginamos.

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