¿Y si algunos de los trazos de la cueva de Altamira representaran algo más que signos abstractos? El biólogo y zoólogo Fernando López-Mirones plantea una interpretación alternativa de unas figuras rupestres que, según su hipótesis, podrían representar a una persona junto a una orca. Este posible hallazgo, al que se refiere como Las Orcas de Altamira, conecta el arte prehistórico con su investigación sobre la antigua relación entre los seres humanos y estos grandes cetáceos.
La propuesta forma parte de sus investigaciones sobre el Pacto de la Orilla y el Secreto de las Orcas, conceptos que desarrolla en su libro Spania, El Secreto De Las Orcas. Desde esta perspectiva, las poblaciones prehistóricas de la península ibérica habrían mantenido una relación estrecha con el mar y con los grandes animales que habitaban sus costas.

Los Pobladores Atlánticos Y Su Relación Con El Mar
El litoral del norte de Spania, y en general el de la península ibérica, presenta características favorables para la presencia de grandes animales marinos. La proximidad de aguas profundas, junto con la disponibilidad de nutrientes, favorece la presencia de distintas especies de cetáceos.
Este entorno constituye un elemento importante en la interpretación de López-Mirones sobre las antiguas comunidades costeras. Según su hipótesis, aquellos pobladores atlánticos no solo dependían del mar para alimentarse, sino que también habrían desarrollado un conocimiento profundo de los animales que lo habitaban.
Desde esta perspectiva, se trataría de comunidades que pescaban, construían y posiblemente atribuían un significado simbólico o espiritual a las grandes criaturas marinas. El autor también plantea que pudieron utilizar huesos largos, mandíbulas y costillas de grandes cetáceos para construir chozas e incluso santuarios. Aunque reconoce que esta posibilidad no está establecida por los estudios citados, considera que merece ser contemplada, especialmente al tener en cuenta que algunas antiguas zonas costeras se encuentran hoy sumergidas a más de cien metros de profundidad.
López-Mirones relaciona estas poblaciones con la tradición cultural atlántica y con las pinturas rupestres de Altamira. También señala el interés de estudiar el vocabulario marítimo del euskera como posible vía para explorar la continuidad de antiguas tradiciones culturales, aunque estas conexiones requieren un análisis lingüístico específico.
Dentro de este marco se sitúa el concepto del Pacto de la Orilla, una hipótesis que explora la posibilidad de que determinadas comunidades humanas establecieran formas de cooperación con las orcas durante actividades relacionadas con la pesca.
El Descubrimiento De Las Orcas De Altamira
El 25 de agosto de 2025, mientras terminaba el primer manuscrito de su libro, Fernando López-Mirones identificó una posible figura animal entre los trazos rojos de la cueva de Altamira, en Cantabria.
La observación se produjo en la conocida Sala de los Polícromos, donde aparecen unas figuras que tradicionalmente se han denominado signos claviformes. Esta denominación hace referencia a su semejanza formal con un clavo o una maza, pero López-Mirones propone una interpretación diferente a partir de su experiencia en la observación de cetáceos.
Según su relato, la idea surgió de manera inesperada mientras examinaba las pinturas. Lo que inicialmente se consideraba un conjunto de signos abstractos comenzó a parecerle una composición en la que podía distinguirse una aleta dorsal.
El autor interpreta este detalle como el punto de partida para reconocer una figura de mayor tamaño: una posible orca situada sobre una persona. Esta lectura constituye el núcleo de su hipótesis sobre las denominadas Orcas de Altamira.

¿Signos Claviformes O Una Aleta Dorsal?
La interpretación de López-Mirones parte de una pregunta: ¿podrían los llamados signos claviformes representar formas reconocibles de animales en lugar de símbolos abstractos?
Su experiencia de más de treinta años observando delfines y orcas desde embarcaciones le ha permitido desarrollar una especial sensibilidad para identificar aletas dorsales en la superficie del mar. Durante las campañas de observación a bordo del Toftevaag y de otros barcos, ha dedicado cientos de horas a distinguir estas pequeñas siluetas entre las sombras, los reflejos y el movimiento del agua.
También ha participado en el entrenamiento de voluntarios para reconocer aletas dorsales. Según explica, después de unos diez días de práctica, personas que inicialmente no conseguían distinguirlas podían aprender a identificarlas con mucha mayor precisión.
López-Mirones utiliza esta experiencia para defender que la percepción de las formas puede entrenarse. De la misma manera que un músico identifica una nota discordante dentro de una composición o un coreógrafo detecta un movimiento incorrecto, considera que la experiencia con los cetáceos puede ayudar a reconocer figuras animales que otros observadores no identifican a primera vista.
Desde su perspectiva, esta familiaridad con las orcas habría sido determinante para interpretar de otra manera los trazos de Altamira.
La Figura De Una Persona Junto A Una Posible Orca
Al observar el conjunto de los signos, López-Mirones describe una composición que interpreta como una persona levantando los brazos, quizá con una lanza o un tridente en la mano, y con las piernas abiertas formando una X.
Justo encima de esa figura identifica lo que considera una gran orca. A su lado, también cree distinguir otra figura humana que parece contemplar la escena, posiblemente una mujer, cuya anatomía relaciona con la esteatopigia khoisan.
La interpretación del cetáceo se apoya en varios detalles que el autor considera reconocibles: una cabeza redondeada, correspondiente al melón de la orca, una franja blanca que recorre el cuerpo y una aleta caudal doblada hacia arriba.
La disposición de estos elementos es lo que le lleva a proponer que los trazos podrían representar una escena en la que una persona aparece junto a una orca.
Para López-Mirones, la combinación de estas formas resulta especialmente significativa por su posible relación con el Pacto de la Orilla. Sin embargo, esta lectura constituye una interpretación de los trazos y no una identificación arqueológica confirmada.

La Búsqueda De Otras Interpretaciones
Tras identificar la posible figura, López-Mirones buscó fotografías de alta calidad de la Sala de los Polícromos para comprobar si otras personas habían propuesto una interpretación semejante.
Consultó imágenes disponibles en internet y fotografías procedentes de páginas oficiales, con el objetivo de descartar que su percepción dependiera de una reproducción concreta, de la iluminación o de algún detalle visual alterado.
También modificó los parámetros de luz, contraste y otros ajustes de las fotografías para examinar mejor las líneas y comprobar si había algún elemento que pudiera haber pasado inadvertido.
Según su relato, no encontró otra interpretación que coincidiera con la suya. Las figuras aparecían identificadas como signos claviformes, sin que las fuentes consultadas ofrecieran la lectura de una orca junto a una persona que él proponía.
Esta ausencia de una interpretación semejante en las fuentes que revisó reforzó su interés por comprobar si otros observadores podían reconocer las mismas formas.
La Prueba Con Un Observador Independiente
Para contrastar su percepción, López-Mirones envió una imagen de la figura a Eduardo, antiguo alumno y amigo suyo, experto en el ámbito audiovisual. Lo hizo sin explicarle previamente qué creía haber encontrado ni informarle de que estaba trabajando en un libro sobre orcas.
La pregunta que acompañaba a la imagen era sencilla: «¿Ves algo ahí?».
La respuesta de Eduardo fue: «Pues una persona llevando un tiburón con las manos en alto».
Aunque su interpretación identificaba un tiburón en lugar de una orca, López-Mirones consideró significativo que también reconociera una figura animal junto a una persona.
La diferencia le pareció comprensible: ante una aleta dorsal, muchas personas pueden pensar antes en un tiburón que en una orca. Además, la perspectiva de los trazos puede dar la impresión de que la persona está levantando al animal.
Esta prueba constituye un elemento del relato del descubrimiento, aunque una interpretación coincidente por parte de otro observador no demuestra por sí sola que la figura represente un cetáceo concreto. Para establecerlo sería necesario contrastar la propuesta con otras interpretaciones y con el contexto arqueológico de la pintura.

La Reconstrucción Gráfica De La Figura
Después de recibir la respuesta de Eduardo, López-Mirones le pidió que recomendara una herramienta gráfica para delimitar el perfil de la figura sin modificar los trazos originales.
Eduardo le envió posteriormente una imagen en la que la silueta aparecía perfilada con mayor claridad. Según explicó, había utilizado una herramienta de inteligencia artificial para realizar el proceso.
El resultado permitió observar de forma más definida los contornos que López-Mirones interpretaba como una persona y una orca. Para el autor, aquella representación reforzaba visualmente su hipótesis y ofrecía una manera más clara de mostrar la figura que había identificado.
No obstante, el perfilado digital de una imagen debe distinguirse de la demostración de su significado histórico. Resaltar determinados contornos puede facilitar su observación, pero no confirma por sí mismo que correspondan a un animal o a una escena concreta. Para valorar la hipótesis resulta fundamental examinar también la imagen original y comprobar que los detalles interpretados están presentes en los trazos arqueológicos.
Las Orcas De Altamira Y El Pacto De La Orilla
La posible representación de una orca en Altamira adquiere especial relevancia dentro de la hipótesis del Pacto de la Orilla, desarrollada por Fernando López-Mirones en el marco de sus investigaciones sobre la relación entre seres humanos y cetáceos.
Esta propuesta explora la posibilidad de que determinadas comunidades costeras establecieran formas de cooperación con las orcas para aprovechar las migraciones del atún y facilitar determinadas actividades pesqueras.
Desde esta perspectiva, la presencia de una posible orca junto a una figura humana en el arte rupestre podría interpretarse como una representación de la relación entre ambas especies. López-Mirones considera que la imagen encajaría con su hipótesis sobre la existencia de una antigua tradición cultural vinculada al conocimiento del mar y de sus grandes animales.
El autor conecta esta interpretación con el Secreto de las Orcas, concepto que desarrolla en su obra para explorar las posibles relaciones entre el comportamiento de estos cetáceos, las antiguas comunidades humanas y las tradiciones culturales de la península ibérica.

¿Una Representación De Hace 35.000 Años?
Uno de los aspectos más llamativos de la hipótesis es su posible antigüedad. López-Mirones relaciona la figura con las primeras manifestaciones rupestres de Altamira y con una cronología que sitúa en torno a los 35.000 años.
Esta fecha debe tratarse con cautela: la antigüedad de las distintas manifestaciones de Altamira depende de la pieza, el motivo y el contexto concreto que se esté datando. Por tanto, no puede atribuirse automáticamente esa cronología a los signos interpretados como una posible orca sin una datación específica y bien documentada.
Si la interpretación de López-Mirones llegara a confirmarse mediante análisis independientes, podría abrir nuevas preguntas sobre la representación de los animales marinos en el arte paleolítico y sobre la importancia que estos pudieron tener en las comunidades costeras.
Por ahora, la propuesta constituye una hipótesis que invita a revisar los trazos desde una perspectiva diferente.
Conclusión
Las Orcas de Altamira constituyen una de las interpretaciones que Fernando López-Mirones plantea a partir de su experiencia como biólogo y zoólogo y de sus investigaciones sobre la relación entre los seres humanos y los cetáceos.
Su propuesta parte de una observación concreta: unos trazos rojos tradicionalmente identificados como signos claviformes que, desde su perspectiva, podrían representar una persona junto a una orca. La experiencia del autor observando a estos animales, la revisión de fotografías y la reconstrucción gráfica de la silueta forman parte del proceso mediante el cual desarrolla su interpretación.
El hallazgo se integra en su hipótesis del Pacto de la Orilla en su libro Spania, y en su visión de las antiguas comunidades atlánticas como poblaciones estrechamente vinculadas al mar.
La propuesta plantea una pregunta sugerente sobre la forma en que se interpretan las imágenes prehistóricas: ¿podrían algunos trazos aparentemente abstractos representar escenas reconocibles para quienes estaban familiarizados con los animales del entorno?
Para López-Mirones, la figura de Altamira podría contener una respuesta que hasta ahora había pasado inadvertida. Su hipótesis invita a examinarla con detenimiento, distinguiendo entre lo que puede observarse directamente en la pintura y el significado que se le atribuye.